Puede ocurrir que nuestra rutina nos absorbe sin siquiera darnos cuenta, nos aceleramos más de lo que queremos y no sabemos cómo bajar la revoluciones y retomar la calma. Es posible. La meditación tiene una amplia gama de técnicas orientadas a encontrar el equilibrio y control sobre tus emociones y el estrés.

Existen dos momentos en los que se sugiere darse un tiempo para meditar: en la mañana, apenas te despiertas, y entre las 17 y 18 horas, cuando tu día laboral está terminando. Lo puedes hacer desde tu oficina o e tu casa de la siguiente forma:

  • Siéntate con la espalda recta y los ojos con la mirada fija en un punto. Míralo concentradamente, en un ángulo de 45º sin moverte. Cuando tu mente se vaya a otro lado vuelve a concentrarte en tu postura y quédate así unos minutos.
  • Ponte de pie con los ojos cerrados y durante un minuto exhala y inhala fuertemente por la nariz. Siéntate y concéntrate en la respiración normal después.

Ahora, si buscas algo más especializado, o simplemente quieres ayuda para que te guíen en tu meditación acá hay algunas opciones:

  1. Meditación Zen: Esta meditación busca que el ser interno se concentre en el presente, para vivirlo responsablemente y conscientemente. Se practica en distintas posiciones, siendo la más conocida con el cuerpo sentado, pero también puede hacerse caminando o mientras se realizan actividades cotidianas.
  2. Meditación Budista: Acá el objetivo es aumentar la sabiduría y comprensión del mundo que te rodea, además de fortalecer la mente y controlar las emociones. Su idea es erradicar sufrimientos que tienen su origen en lo que Buda llamó “los cinco venenos”: orgullo, envidia, ira, ignorancia y deseo.
  3. Meditación Trascendental: Este tipo de meditación proveniente de la India logra eliminar en pocos minutos el cansancio y la fatiga, a tal punto que se ha demostrado científicamente que produce un descanso más reparador que el que otorga el sueño profundo. Además, elimina el estrés y fomenta el desarrollo personal.
  4. Meditación Cristiana: Se basa en la lectura de la Biblia y, por lo general,  consta de cuatro momentos, cuya duración varía en cada persona:

    -Lectura. Se lee atentamente un fragmento de la Biblia y luego se trata de responder a la pregunta ¿qué dice o qué entendí?

    -Meditación. Luego de entender el texto, se pregunta ¿qué me dice?, relacionándolo con la propia de quien lo lee.

    -Oración. Se dialoga con Dios sobre el tema que han planteado la lectura y la meditación.

    -Contemplación o acción. El resultado de esta meditación es una actitud positiva ante la vida o una buena obra.