Diversos estudios han demostrado los grandes beneficios que los ácidos grasos Omega-3 entregan al sistema cardiovascular. Esto supone un incentivo más para cambiar el estilo de vida y seguir una alimentación rica en este importante nutriente.

El consumo de pescados azules como el salmón y el atún, permiten obtener una muy buena fuente de Omega-3, un nutriente que ayuda a disminuir el colesterol y ayuda a mejorar la circulación. Sumado a esto, también potencia el aprendizaje en niños y mejora la salud del corazón en adultos.

A diferencia de las fuentes vegetales de Omega-3, como los frutos secos, las fuentes marinas aportan un Omega-3 rico en EPA y DHA, los dos tipos de Omega-3 más importantes debido a sus beneficios para la salud. El EPA ayuda a disminuir el colesterol y evita la formación de coágulos en las arterias, y el DHA, por su parte, favorece el desarrollo del sistema nervioso y visual del niño desde que está en gestación, y ayuda  ala salud cardiovascular en adultos.

Malos hábitos como el sedentarismo, una mala alimentación rica en grasas saturadas y el constante estrés diario, han hecho que la salud cardiovascular se presente como un gran desafío para los especialistas, y sea uno de los mayores riesgos a los que nos exponemos si no tomamos las medidas necesarias. Un estudio español hecho por la revista Critical Reviews in Food Science and Nutrition, concluyó que los ácidos grasos Omega-3 disminuyen la producción de mediadores inflamatorios, que reduce de manera significativa la aparición de factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Por otro lado, una alimentación rica en grasas saturadas favorece la elevación de la presión arterial, mientras que las insaturadas y poliinsaturadas, como el Omega-3, tienen un efecto contrario. Además,  el consumo de Omega-3 disminuye el colesterol LDL (colesterol “malo”), aumenta el HDL (colesterol “bueno”) y sobre todo reduce la trigliceridemia.

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